La Universidad de La Guajira y la Facultad de ciencias
de la educación
El programa de
Licenciatura en etnoeducación
se enmarca en la Universidad de La Guajira y, dentro de
ésta, en la Facultad de ciencias de la educación.
Es conveniente
describir en breves notas que acerquen
a aspectos que ubican al respecto tanto de una como de otra.
Breves notas sobre la Universidad de La Guajira
La Universidad de
La Guajira surgió
como
respuesta
a la necesidad de formación profesional de
los estudiantes que ya comenzaban a obtener sus títulos de bachilleres en las instituciones escolares locales
(década de los 60 del siglo XX);
antes de este período los guajiros y,
especialmente,
los riohacheros, tenían
que hacerlo en centros educativos del interior del país,
del Caribe colombiano y también de algunos países
del
Gran Caribe;
obviamente, en cualquiera de los tres casos,
por los costos del desplazamiento y de la
estancia, aunque eran muchos cuantitativamente, estadísticamente, poco representaban en relación con el
cada
vez mayor volumen de bachilleres.
Sumada a esta necesidad estaba la expectativa de formación del contingente de profesionales requerido por el
naciente complejo carbonífero de “El cerrejón” y por el establecimiento de las plataformas mar -afuera para
la extracción del gas natural. Por esta razón, comenzó su funcionamiento con programas dedicados a la
industria
(Ingeniería industrial) y a la administración (Administración de empresas). Sin embargo, la realidad-real también
jugaba sus cartas:
la
“bonanza marimbera” (década de los 70 del siglo XX)
proponía y exigía un estilo de vida que contrastaba con el del esfuerzo personal, propio del proceso educativo e
intelectual;
en los hechos, ahí estuvo erigido un contradictor muy fuerte de la vida universitaria, la
‘bonanza’ fue muy democrática y cotidiana, impregnó todas las capas e instituciones sociales y las proveyó
de bienes materiales.
En las ideas y decisiones
expuestas o se confunde la búsqueda de solución a problemas de formación (comunitarios,
familiares e individuales) con la ilusión del empleo, creada por el establecimiento de empresas transnacionales, o
se
carece de un proyecto colectivo de desarrollo humano en sentido amplio. Este es el escenario de reforzamiento y revitalización permanentes de que
“la educación es la mejor y más segura herencia que se puede dejar a los hijos”, leit motiv al cual estaba aferrado la comunidad guajira. La
Universidad, como reflejo de la sociedad,
recogió estos elementos ideológicos y,
de manera espontánea, comenzó a
responder a la
necesidad evidente, sentida y compartida, de formación profesional.
Como iniciativa local, la institución dependía en su presupuesto y,
en general, en su administración,
de las
orientaciones de la Gobernación de La Guajira. La necesidad de formalización institucional,
con el paso de
los
años, fue permitiendo el establecimiento de lazos cada vez más fuertes con los organismos estatales y privados de la dinámica educativa nacional.
Poco a poco, la Universidad de La Guajira va superando escollos y hoy se reafirma este sueño comunitario como el proyecto educativo y cultural más importante del Departamento
de
La Guajira.
Para ello tiene que
enfrentar dos retos ineludibles:
el primero, corregir y ajustar lo actuado y, el segundo,
aprovechar la
diversidad regional en todos sus órdenes para que su oferta educativa sea cada vez más pertinente y de calidad.
Antes de 1997
(Decreto 272), los programas eran aprobados
por el ICFES;
los de la Universidad de La
Guajira también lo fueron.
A partir de esta fecha,
las universidades tomaron una dinámica distinta derivada
de
la nueva normatividad para la oferta de programas. Se inició la experiencia en la institución con la acreditación
previa de los programas de formación de formadores y algunos de Ingeniería y, al continuar, para el resto de los programas,
el gobierno nacional expidió una nueva norma que denominó registro
calificado al
proceso en marcha. Este
registro se otorga por siete (7) años y automáticamente da iniciación al proceso de actualización de dicho registro
con lo cual se inicia también otra fase en los procesos
de mejoramiento de la calidad de los
programas. En ésta se encuentran casi todos los
programas ofrecidos por
la institución.
Acercamiento a
la Facultad de ciencias de la educación
El proyecto colectivo de desarrollo humano al respecto de la Universidad de La Guajira permitió la apertura
de programas académicos
sueltos, independientes, que luego,
la normatividad universitaria nacional, fue permitiendo alojar en facultades. Así, los iniciales programas de Ingeniería industrial y administración de
empresas dieron lugar a las respectivas facultades de Ingeniería
y de Ciencias económicas y administrativas.
Con estos dos programas y,
por supuesto, con estas dos facultades, la institución funcionó durante ocho años (1977-1985).
Sin embargo, en 1978 se abrieron inscripciones para el programa de Licenciatura en matemáticas
que,
luego de un primer semestre de funcionamiento, fue cerrado por bajos niveles de demanda
estudiantil (hay
que recordar que esto ocurría en plena dinámica de la “bonanza marimbera”, época de trastoc amiento de valores, durante la cual no tenía ningún atractivo la dedicación laboral a tareas burocráticas o tradicionales dentro del ejercicio comercial o educativo; mucho menos atractivo tenían los ingresos derivados de estas
actividades y las prácticas de ahorro y previsión que
incluye la programación medida del gasto). Los cálculos y proyecciones vitales de la época se establecían mediante el contraste entre lo
‘invertido’ durante los estudios
(dinero y
tiempo) y lo que podría derivarse del ejercicio de cualquiera de los
‘cargos’ ejercidos en la marimbería. Esta fue una lucha desigual a la cual se agregaba la dedicación y esfuerzo, socialmente
reconocidos, que había que hacer para ‘coronar’ una carrera de matemáticas.
Aquellos sueños de formación profesional que se intensificaron con la posibilidad de empleo en las empresas transnacionales, tocaron la realidad cotidiana y comenzaron a transformarse.
La formación profesional no es
ni
para resolverle el problema de empleo a una empresa y a un contingente ni para desarrollar competencias
en carreras específicas sino para que “la educación sea la mejor y
más segura herencia que una
persona pobre
y digna pueda dejar a
sus
hijos”, cualquiera sea el campo o
disciplina de formación.
Hay que mirar a
las
escuelas, hay que trabajar sobre la formación de los niños, hay que
superar lo acontecido
durante la ‘bonanza’, el fortalecimiento del aparato educativo regional es una clave importante para el
desarrollo social; hay que cualificar la formación
de los formadores teniendo en cuenta las especificidades locales. Algunos de estos argumentos aparecieron
en
los documentos de planificación institucionales
(cfr.
Universidad de La Guajira, 1984, 27) y formaron parte de las ideas esgrimidas para proceder a la apertura de un nuevo programa
académico
en ciencias
de la educación, después
del
intento fallido con la apertura y
cierre inmediato de la Licenciatura en matemáticas.
Casi diez años después (1985), la institución diversificó su oferta académica y abrió el programa de
Licenciatura en lenguas modernas. La formación en esta área comenzó a cualificar el profesorado de la
básica primaria y de la secundaria y a inquietar a la institución en cuanto a la percepción
institucional y
regional acerca de las ciencias sociales.
La Licenciatura en lenguas modernas
comenzó actividades con un plan de estudios muy parecido a los convencionales, a los
existentes en el país; sin embargo, al poco tiempo fue modificado e incluyó un área de
asignaturas que referenciaba la realidad multilingüe y
pluricultural de la región;
fueron ocho
(8) asignaturas
denominadas Tradición oral I
y II, Gramática del wayuunaiki
I y II, Cultura wayuu
I y II y
Literatura aborigen I y
II.
Su quehacer pedagógico
y disciplinar era distinto del desarrollo de los otros
programas
‘encuadrados’ en las
otras dos facultades. Había que
abrir un espacio académico-administrativo nuevo,
para la nueva realidad. Se creó la Facultad de ciencias de la educación.
Ésta, con la inclusión del área sobre temática regional en la
Licenciatura en lenguas modernas, desde sus inicios mostró su preocupación por la realidad lingüística y
cultural.
Simultáneamente,
como un punto de apoyo del programa y,
específicamente, de lo regional, con
el apoyo de la empresa privada, se creó el
Centro de información sobre la cultura wayuu
(1987).
La primera experiencia en educación
abierta y a distancia que tuvo la naciente Facultad de ciencias de la
educación fue en convenio con la Universidad del Magdalena (1994),
entidad que,
de manera unilateral, ya
ofrecía estos programas
en Maicao.
En Riohacha,
la Universidad de La Guajira concentraba
a los docentes
provenientes de los municipios para las jornadas de tutoría requeridas.
Esta profesionalización fue apoyada
por
el Departamento y la Asociación de educadores de La Guajira
-Asodegua-. La cualificación se produjo
en matemáticas, ciencias sociales, español y otras especcificidades de
Licenciatura.
Casi otros diez años pasaron para abrir un nuevo programa académico presencial: la Licenciatura en etnoeducación
(1995).
Resultado de reflexiones,
experiencias y discusiones
acerca de la conveniencia de
apropiar académicamente el
universo de
la
diversidad cultural y lingüística, la
Licenciatura
en
etnoeducación se consideró como una opción más conveniente y urgente que la Licenciatura
en etnolingüística
y
que Antropología, entre varias.
Simultáneamente aparece la unidad de información ampliando
su campo de acción en consonancia con el nuevo programa,
respondiendo a esta razón cambia de denominación y pasa a ser Centro de información sobre grupos étnicos -Cige-.
Aunando esfuerzos para el desarrollo humano, mediante actividades culturales,
académicas y científicas
como
la
creación y
puesta en marcha de programas de
pregrado, postgrados,
asesorías, cursos de
capacitación para la investigación y la extensión,
la Universidad de La Guajira convino con el Instituto
colombiano de pedagogía
-Incolpe- (1996) la oferta de programas de Licenciatura en matemáticas,
ciencias sociales, español,
entre otras, en el territorio nacional;
se abrieron en los departamentos de Antioquia, Cundinamarca, Córdoba, Sucre, Bolívar. Estos programas permitieron el acceso a docentes que, desde sus desempeños docentes de muchos años, estuvieron esperando una oportunidad para capacitarse. La
oferta educativa decayó por no haberse dado las relaciones apropiadas entre las partes convinientes. El Men,
sin
embargo, brindó a la Universidad de La Guajira la oportunidad de que asumiera los programas
como
propios y los ofreciera autónomamente; la institución asume el reto y, teniendo en cuenta que en la zona de
Córdoba y Sucre es donde ha habido mayor demanda, decide
abrir una Extensión
en Montería.
Por falta de
diligencia institucional para asumir la
acreditación previa
de los programas, al vencerse su vigencia,
se canceló la oferta de los mismos.
La cualificación de docentes de la básica y media,
mediante convenio con Icetex
(1998), tomó un nuevo aire: la Facultad de ciencias de la educación de la Universidad de La Guajira brindó una formación en pedagogía para un numeroso grupo al servicio del Departamento (unos trescientos cincuenta).
Luego vino el proceso de Acreditación previa de los
programas (Ministerio de educación nacional, Decreto
272, 1998)
que se convirtió
en la oportunidad para reorganizar la Facultad de ciencias de la educación. Se revisó lo existente, se valoró la historia y se hicieron ejercicios
de
proyección.
En resumen,
se generó un
cambio en la conceptualización
(Universidad de La Guajira,
1999) que,
a su vez, produjo otros en la
integralidad de los programas.
La revisión condujo al análisis de la situación del programa de Licenciatura en lenguas modernas existente
desde 1985.
Se tomó la decisión de transformarlo
en
dos: uno,
Licenciatura en lengua castellana
y dos, Licenciatura en inglés.
Sin embargo,
de acuerdo con lo establecido en la norma,
al no ser acreditados
no pudieron funcionar. La institución formó a trescientos setenta y un (371)
Licenciados en lenguas modernas
(Pérez van-L., Francisco, 2008, 40).
La oportunidad generada por el proceso de Acreditación previa
también permitió rescatar un estudio que
planteaba la
necesidad
de
formar formadores para servir a la población preescolar y apoyarse
en
los documentos orientadores del quehacer académico
institucional. El colectivo de docentes que tuvo a su cargo la dinamización del proceso quiso ser más ambicioso y se inclinó más que
por la educación preescolar, por la
formación global del niño. Por esta razón, se diseñó el programa de Licenciatura en pedagogía infantil.
Posterior a la Acreditación previa, la Facultad de ciencias de la educación adoptó el Programa de artes visuales
con miras a convertirlo
en la Licenciatura
en artes visuales. Asimismo,
mediante el diagnóstico respectivo,
la institución procedió a la apertura del programa de
Licenciatura en pedagogía
de la educación
física, el deporte y la recreación.
Dos campos de formación aparecen como
comunes a los programas de Licenciatura que ofrece la
institución:
el
investigativo y
el que, con distintas denominaciones, se refiere
a los
asuntos culturales
y
a la diversidad. De esta manera, la Facultad de ciencias de la educación se está poniendo a tono con lo que de ella está requiriendo la realidad regional.
A partir de la iniciación de los
procesos de acreditación, el Men lanza un lineamiento en el
sentido de que las
Facultades de educación debían acompañar a las
escuelas normales; la Institución educativa “Escuela
normal superior
indígena” de Uribia
convino
con
la Universidad de La Guajira que,
previo el desarrollo del ciclo complementario, las estudiantes
de la
Escuela entraran al Programa
a cursar del quinto semestre en adelante. El acompañamiento
de
la Facultad
a la Escuela comenzó a desarrollarse
(2002)
con miras al
proceso de acreditación de ésta.
Este si blogspot ... Sencillo pero lo hice yo....
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